Análisis: Uncharted 3 – La Traición de Drake


La saga Uncharted y yo hemos tenido una relación bastante complicada. Tristemente conocido en la historia del blog fue el análisis de su primera entrega, a la cual le otorgué un 6.6. Aunque pudiese pesar que fuese inferior a lo que Naughty Dog había ofrecido con Crash y Jak, acostumbrando una perfección jugable fuera de discusión, lo cierto es que era un juego, aún con sus carencias, y visto en retrospectiva, entretenido, pero que no me animó a querer continuar con la franquicia (como me ocurrió con Assasin´s Creed, si bien la segunda oportunidad que di a esta saga no fue tan bien como con Uncharted).

Llegó un momento en el que fui consciente de que si realmente quería comparar con rigor y conocimiento la saga de Naughty Dog con aquellos otros proyectos — Crash y Jak — que en tan alta estima tenía, no podía seguir apoyándome únicamente en haber jugado a la primera entrega (la cual, habiendo terminado la trilogía, sigo pensando que es la más irregular de las tres). Una máxima absoluta a la hora de hablar de algo con fundamento es haberlo experimentado. No se puede realizar una crítica atroz de una novela que no se ha leído, o de una canción no escuchada. Y, por supuesto, no se puede valorar un videojuego sin jugarlo.

Sin duda, habrá algunos productos que simplemente no nos entrarán de ninguna manera, ya desde el planteamiento de algún análisis, nuestros propios gustos, o el visionado de algún vídeo, y no hay que ser masoquista probando algo que no nos guste solo por opinar.Cada uno tiene claro qué le entretiene al jugar, y para ello existen tantísimos géneros donde elegir, aunque las desarrolladoras en muchas ocasiones lo olviden.

Pero eso es una historia diferente, con mucho que ver con las perspectivas de ventas y las ganancias monetarias, objetivo último de toda empresa. A la hora de opinar de tal juego, podemos aducir que no nos llama la atención por su planteamiento, o que no casa con sus gustos, nunca otra cosa. Y en el caso de Uncharted, pensé que las circunstancias, tras haber podido disfrutar un TPS como fue Mass Effect, favorecían la segunda oportunidad a la franquicia de mi antaño adorada Naughty Dog.

La segunda entrega de Uncharted llegó a mis manos, y realmente las sensaciones que tuve con ella fueron muy diferentes. En el análisis original, donde lo puntué con un 9, afirmé que “el género shooter y yo no nos llevamos demasiado bien”. No es la propuesta en videojuegos que más me entretenga del mundo, pero en los últimos años he sabido darle valor, y entender algo bastante simple: que no me guste no lo convierte automáticamente en un mal producto, aunque luego éste pueda serlo por otros motivos. Son dos cosas totalmente desvinculadas. Y Uncharted consiguió, siendo un buen producto, interesarme por un género que hasta entonces casi no me había llamado.

Todo lo que no tenía El Tesoro de Drake lo tenía su secuela: un ritmo de juego mucho más variado, que dejaba de lado la pobre distribución de los tres pilares de la saga de Nate (los continuos tiroteos de coberturas, los puntuales puzles, y las secciones de plataformeo guiado) para enriquecerlos notablemente, haciendo que en una misma sesión de juego no nos encontrásemos siempre ante los mismos esquemas. Los tan criticados scripts también eran mucho mejor aprovechados, especialmente para dar lugar a una fase del tren donde el juego alcanza su cénit. Quizá no fuese el juego más profundo que hubiesen hecho, pero conseguía divertir por sí mismo, sin compararlo con nada más.

Para mi es importante que un juego sea divertido, más allá de sus valores de producción o lo bonito que luzca en pantalla. En eso, para mis gustos, Uncharted El Tesoro de Drake fallaba y El Reino de los Ladrones acertaba bastante más. Y todo esto nos lleva a la tercera entrega, la que culmina la trilogía de Playstation 3, y la cual encaré con una intención bien distinta hace apenas un par de meses. Ya no iba con las expectativas tan bajas como al empezar el 2, sino con el buen recuerdo de éste. ¿Qué supondrá todo ello a la hora de analizarlo? Aquí os lo brindo.

Historia

Naughty Dog ha ido, con cada entrega de Uncharted, superando sus propios estándares a la hora de redactar los guiones de las aventuras de Nate, teniendo como principales referencias las películas de aventuras de Indiana Jones, donde un héroe carismático trata de desentrañar grandes secretos en historias cargadas de acción y misterios de la antigüedad. Uncharted 3 no es diferente en este aspecto a los anteriores, pero si da un paso más allá en algo que muchos videojuegos que pretenden tener “tramas adultas” olvidan: el desarrollo y motivaciones de los personajes.

En los juegos anteriores, tampoco teníamos excesiva complejidad a la hora de mostrarnos la trama, si bien en esta ocasión todo da un pequeño giro de tuerca. Tras una secuencia de prólogo que nos muestra un intento de chantaje por parte de nuestro protagonista, que acaba con sus huesos en un contenedor, aparentemente herido de bala, tomamos entonces el control de un Nathan Drake en su más tierna infancia, y se indaga acerca de la relación que le une a Sully: como se conocieron, el significado del anillo que porta el héroe, y cómo está relacionado con el gran objetivo de esta entrega: La Atlántida de las Arenas.

Nombrada de múltiples formas, como Iram de los Pilares, Ubar, Wabar, o Ciudad de las Columnas, se trata de una localización de ensueño que fue maldita por Alá, a imagen y semejanza de las localizaciones de los juegos anteriores, como Shangri-La y El Dorado, pero que, pese a ello, esconden grandes tesoros y promesas para aquel aventurero que ose partir en su busca. Mencionada en el Corán (89, versículos 6-13) y también en la conocida obra Las Mil y Una Noches, supone una localización idónea para vivir una gran aventura.

Lo cierto es que hay una gran diferencia con los mitos anteriores y esta ciudad, y es que existe de verdad. Localizada en la península de Omán de Oriente Medio, fue encontrada gracias a la arqueología, revelándose su papel como imponente centro cultural y de mercadería, y al parecer se hundió por su peculiar localización y construcción, y de ella apenas quedan unas simples ruinas enterradas. Sea como sea, ha inspirado a múltiples autores, como Lovecraft, Daniel Easterman o James Rollings. Y como no, a los chicos de Naughty Dog.

En esencia, el esquema del desarrollo de la trama no se diferencia especialmente de las anteriores entregas de la franquicia, pero sí incide mucho más en la relación de Nathan Drake con los suyos y su lucha interna por tratar de demostrarse ser un mejor explorador que su antepasado Francis Drake, el cual inició la búsqueda de la ciudad perdida, de lo cual solo quedan las pistas que nuestro héroe persigue. Y, como no, un grupo criminal que tiene intereses mucho más oscuros al respecto.

Esta indagación en las relaciones entre personajes y sus conflictos internos, quedando mucho más determinados los conflictos y motivaciones que siguen, sirven como principal añadido a una trama que vuelve a apostar por fórmulas muy cercanas al cine actual, como espectacularidad, situaciones límite, y una medida dosis de elementos sobrenaturales. Continúa el gran gafe de Nathan Drake, el cual todo lo que toca consigue destrozarlo, y hay grandes momentos, como en alta mar o en un avión en llamas, que logran mantenerte enganchado a la pantalla.

El resultado final solo es una muestra más de la madurez narrativa de un estudio que podría lanzar una película en Hollywood y no desentonar, pese a que Uncharted no sea el paradigma de la originalidad. Teniendo en cuenta su objetivo, su trama, sin grandes pretensiones y riqueza cumple sobradamente, y se permite el lujo de dar mayor profundidad a sus personajes cuando no se le exigió ni se le criticó en demasía a la precuela en la prensa especializada.

Podemos decir que han hecho buena la frase de “no tocar aquello que no está roto”, tomando la base de Uncharted 2 y dándole una ambientación totalmente diferente, y, a mi juicio, a la altura de éste, especialmente en los compases finales de la aventura, donde los giros de guión y acontecimientos que tienen lugar logran darle un gran impulso final. Siguen presentes los momentos “tumba inexplorada llena de repente de enemigos que se nos adelantan”, no obstante.

Las transiciones de la historia también pueden resultar un poco bruscas, saltando de país en país como si nada (lo cual, bajo mi punto de vista, realmente no resulta especialmente molesto), e incluso existe una secuencia donde Drake está derrotado y sin fuerzas, para estar preparado en minutos para arrasar a los enemigos sin problema (rompiendo un poco la coherencia narrativa) o, como mencionaré después, es capaz de asesinar a cinco oponentes sin despeinarse aún tras estar atado y desfallecido. Aun así contamos con unos villanos un poco más elaborados y ambigüedad moral en muchos momentos de la trama que ayudan a maquillar esto.

Si hay algo más que se le puede achacar respecto al anterior, es que se evidencia también cierta repetición de ciertas fórmulas scriptadas como correr tras alguien de forma desenfrenada o huida de situaciones límite (por ejemplo, un suelo que se cae a nuestras espaldas y una inundación que amenaza con ahogarnos). Aun así, logra aportar su propio toque diferenciador en estas secuencias, como dos muy notables persecuciones a toda velocidad en caballo, que me resultaron de lo mejor de todo el juego, a pesar de no romper con los convoys de nieve de la entrega anterior en su base.

En sí mismas, son secuencias interesantes, pues suponen tomar partido a los mandos de lo que hasta ahora habían sido cinemáticas (mención especial a la fase del desierto, con un gran sentido cinematográfico), pero cuando ya has visto el mismo truco tres veces en todo el desarrollo de la partida, puede bajar un poco el nivel general de una trama que, pese a estos deslices (quizá achacables a que los que estaban al cargo eran el “equipo B” de Naughty Dog) cumple con la línea marcada por El Reino de los Ladrones.

Gráficos y Sonido

Hago bastante más cortos de lo habitual estos apartados porque no hay excesivas diferencias con Uncharted 2, y sería aportar líneas de texto sin sentido alguno. Todo lo que hacía bien en lo técnico Naughty Dog desde que empezó la saga, lo mantiene aquí, mostrando un nivel de modelado de personajes (especialmente los protagónicos) casi fotorrealista, con una mención especial a la expresividad facial, muy mejorada respecto a los juegos anteriores (aunque realmente no alcanzarían un grado de humanidad total hasta The Last of Us). Tampoco se olvida de diseñar entornos realmente bellos, de esos que quieres parar a contemplarte si las circunstancias te lo permiten.

Una vez más, el juego se olvida de los errores de El Tesoro de Drake y vuelve a dotarnos de una ingente variedad de localizaciones, explotando aquellas que tuvieron menor presencia en la segunda entrega. El desierto y la arquitectura árabe-musulmana son los grandes protagonistas, puesto que gran parte de la aventura tiene lugar en los territorios del desierto de Rub Al Khali, localización de la ciudad perdida, si bien también visitaremos los bosques de Francia (lo más parecido a la típica jungla de la saga que veremos), los suburbios londinenses, o el mismísimo océano, siendo el tratamiento de las físicas del agua de lo que más me ha sorprendido en lo técnico.

Digo “de lo que más” porque tengo que poner sin duda alguna la iluminación por encima, quizá el punto donde más mejora Uncharted 3 a sus antecesores, logrando por momentos meterte en la atmósfera del calor abrasador de un desierto. El diseño de escenarios mantiene todas las virtudes de variedad del anterior, aunque en esta ocasión su distribución no es tan variada, repitiendo fórmulas como los “tiroteos verticales” (donde disparamos estando colgados de algo hacia arriba) o las salas circulares plagadas de coberturas. También abusa de secuencias donde todo se viene abajo.

En la OST casi que calcaría mis impresiones de Uncharted 2, e incluso el original, siendo una que acompaña bastante bien, con algún que otro tema realmente bueno, la mayoría con una marcada influencia de la música árabe, con sus instrumentos y coros típicos, y otras con una intensidad especial para los momentos más frenéticos. Es una banda sonora que, teniendo en cuenta que es un juego de aventuras, hace su papel sin grandes alardes, pero sin altibajos notorios.

Que base de todos los temas sea muy parecida (con su ambientación oriental) no influye en su calidad y, aunque no destaque por encima de otros apartados casi en ningún momento (debería excluir de esta afirmación ciertas secciones de persecución, o el icónico tema principal), es un elemento que logra amplificar el efecto de lo que vemos en pantalla, y yo creo que no se puede pedir más en este aspecto.

El doblaje español mantiene bastante buen nivel, y como nota curiosa, he tenido la oportunidad también de disfrutar el juego con voces latinas, las cuales dan una atmósfera algo diferente al juego. En mi opinión, están algo por debajo de las españolas y bastante por debajo de las originales inglesas, pero siempre es loable que compañías como Sony se molesten en localizar sus productos de una forma tan mimada y específica.

Jugabilidad

En mis anteriores análisis de la saga Uncharted, siempre destaqué una división de su esquema jugable en tres apartados que recordaré de nuevo: plataformas muy guiadas, tiroteos de coberturas, y puzles. La Traición de Drake no es muy diferente, ya que hereda casi completamente las mecánicas de El Reino de los Ladrones, que ya eran bastante sobresalientes y solucionaban los grandes problemas de ritmo que la primera entrega mostraba. Y sorprendentemente, esa gran virtud se termina convirtiendo en su mayor problema, especialmente tras los retoques que hace sobre esa base.

Ya que los elementos de juego son idénticos, los problemas que tienen las secciones de plataformas siguen siendo demasiado evidentes, ya que casi nunca vas a sentirte desorientado ni vas a saber continuar al estar saltando por estructuras, pues todo es bastante lineal y es prácticamente imposible fallar estas secuencias por ser tan simples y guiadas. Sigo insistiendo en que Naughty Dog sabe bastante más de los juegos de plataformas de lo que muestra en Uncharted, pero bien es cierto que este no es un juego del género, y estas secciones otorgan un buen respiro a las secciones de tiros y no desentonan en demasía.

Los combates con armas de fuego siguen manteniendo la brillantez del anterior, otorgando al jugador alternativas suficientes para poder resolverlas de más de un modo (esto se hace muy patente en un original combate entre dos barcos en alta mar, que implica un lanzamisiles y donde disparar sin sentido no es la solución) y le hace cuidar la munición, especialmente en dificultades elevadas.

El cuerpo a cuerpo ha tomado mayor protagonismo en esta ocasión (de hecho, el primer combate de todo el juego es de este tipo), ya que no serán pocos los momentos en los que tendremos que resolver la situación a puñetazo limpio, y contra más de un enemigo a la vez. En ocasiones será hasta preferible hacerlo antes de enzarzarse en un tiroteo perdido, y es una forma fácil de reducir el número de oponentes.

Quizá aquí encuentre un ligero problema, al menos en la dificultad Normal, y es que en ocasiones resulta irreal lo que ocurre (en un 5 vs 1 Nate gana, aun cuando un oponente le dobla en peso y envergadura) y cuando estas secuencias toman protagonismo, es realmente difícil no superarlas con éxito, ya que su dificultad respecto a los tiroteos es mucho menor.

Esto se debe a los tan polémicos QTEs (Quick Time Events) que tienen lugar en ellas, quedando así únicamente en aporrear cuadrado (y ocasionalmente triángulo) hasta superarlas, ya que ni siquiera fallando pueden matarnos (el mayor peligro es pelear así cuando hay disparos de por medio). No habría estado mal haber reforzado el sistema de combos del Uncharted original en lugar de renunciar a él por algo más simple. Por suerte, el juego sigue contando con una variedad realmente alta de situaciones que no se limitarán a meterse tras una cobertura y matar sin descanso o dar golpes a todo lo que se mueva.

Lo cierto es que los tiroteos, la gran joya de la corona, también se ven empañados por algo que los que siguieron en su día las noticias del juego conocerán bien, y es un gunplay algo irregular que puede hacer que hasta el más diestro tirador falle disparos de acierto cantado, complicando un poco más si cabe los combates multitudinarios. A mi juicio, puede ser un poco molesto y hacerte gastar más balas de las necesarias, pero está por encima de cómo era en Uncharted 1, y la diferencia en la práctica no es tan notoria.

Contaremos con enemigos que van en nuestra busca, que nos lanzan granadas para sacarnos de nuestro escondrijo (pudiendo hacer nosotros lo propio), mapeados cambiantes que tratan que los aprovechemos para solucionar los embrollos con éxito…En ese sentido La Traición de Drake no se olvida de lo que hizo grande al juego anterior, y aprovecha las nuevas localizaciones para ofrecer ciertas alternativas nuevas.

Lo mejor es ilustrarlo con un ejemplo de la sección del barco abandonado en alta mar. Llega un momento en el que tienes la posibilidad de bucear y alcanzar una posición privilegiada de combate evitando los disparos, simplemente pasando por un lateral y tomando ventaja desde una torreta, aunque limpiar el escenario también sea válido. No desaparecen tampoco los tiroteos verticales, e incluso hay secciones de contención de objetivos.

Otro ejemplo: llega un momento, ya en el interior de un barco más grande, donde tienes la posibilidad de adentrarte en una sala únicamente mediante el uso del sigilo, estudiando los patrones de movimiento de los enemigos, y así ahorrándote una pesada pelea con oponentes acorazados (bastante numerosos a lo largo del juego) que sin duda podrían complicar bastante superar la sección. Jugar de esta forma requiere mucha atención y precisión, y es de agradecer que se ofrezcan alternativas.

Los puzles siguen sin contar con la profundidad suficiente para alcanzar lo que ponen sobre la mesa otros juegos específicos de ese género, pero sí es cierto que algunos tienen bastante originalidad. Yo los dividiría en dos tipos: los que se basan en el diario (los más originales y enrevesados, mención especial a uno de baldosas en Francia), y los que requieren de plataformeo para desbloquear elementos. Cumplen bien su función de complemento al núcleo principal de la jugabilidad, aunque se echa en falta un mayor número de ellos en el desarrollo, especialmente de los más inspirados.

La gran diferencia con Uncharted 2 está en la distribución de estas situaciones, mucho más desiguales. Gran parte de las mismas no se alejan en absoluto de la base de su antecesor, por lo que siguen teniendo las mismas virtudes, pero aporta como punto negro, como ya he mencionado, el repetir el mismo esquema en algunas ocasiones. Al menos tres veces recuerdo escalar cornisas mientras elimino a enemigos que están sobre mi cabeza, otras tres escapando a toda velocidad de plataformas derrumbándose, y dos puzles que implicaban estatuas de un modo u otro. Los grupos de enemigos a veces también parecen más clónicos y menos heterogéneos.

El juego cuenta, pese a ello, con ciertos aspectos de identidad propia, como el uso de las antorchas para avanzar al vernos rodeados de pequeños monstruos, la peculiar fase del desierto, que deja toda la carga a la narrativa y a las sensaciones, o situaciones de gran inferioridad que requieren ser resueltas con pocas balas. Se aprecia cierta intención del “equipo B” de Naughty por aportar identidad al juego, pero en la práctica no se arriesgan mucho respecto a El Reino de los Ladrones.

La repetitividad se hace especialmente patente en las secuencias más espectaculares o scriptadas, que las sigue habiendo, algunas realmente inspiradas jugablemente como la persecución del convoy en el desierto en caballo. Un buen símil sería considerar Uncharted 3 un mago que te enseña el mismo truco varias veces, terminas descubriendo el funcionamiento, y ya en lugar de maravillarte, lo recibes con cierto desdén. Naughty Dog debería tomar buena nota de no repetir el error en Uncharted 4, o ya ese desdén se convertiría en pensar que el mago no es capaz de salirte con nuevas ilusiones.

Diría que los tiroteos, que siguen manteniendo el peso jugable y la diversión gracias a su inspiración y variedad, logran una vez más camuflar las carencias en el sistema de plataformeo súper guiado, la poca sensación de penalización de los errores al morir, o la dificultad de los puzles (pese a que éstos han mejorado), dando en conjunto un producto que flaquea muy pocas veces y logran divertir de sobra. Permite al jugador tener cierto reto y capacidad de resolver los tiroteos a su forma, y no lo satura continuamente con ellos gracias a los otros apartados.

Pero, aunque me gustaría hacerlo, no me puedo olvidar de un gravísimo error que comete el juego y que ya tenía Uncharted 1 y critiqué severamente, como es desperdiciar el clímax, lo que debería ser el mejor momento del juego, como es el final, cuando todo se resuelve, dándonos en su lugar una secuencia guiada, muy prefijada, y muy sencilla de superar, apenas a unas pulsaciones de botón. El final de Uncharted 2 estaba bastante más trabajado, pelea con jefes incluida, y en este juego sin duda se da un paso atrás. En una película sería un final dramático, pero en un videojuego, yo espero otra cosa diferente.

En conjunto, aquel que disfrutó con Uncharted 2 difícilmente tendrá problemas con esta tercera entrega, pues es un más de lo mismo en lo jugable, que son palabras mayores. Sin embargo, ya dije que esto también es su mayor problema, al verse perjudicado por una peor distribución de sus situaciones, cayendo en cierta repetición de fórmulas, a cambio de ofrecer quizá unos puzles un poco mejores empañados por una mayor presencia de un cuerpo a cuerpo poco inspirado y desafiante, a veces hasta irreal.

Se puede decir que pesan más los errores que las nuevas virtudes, pero no hacen resentirse especialmente a la base jugable. Si el último capítulo no hubiese vuelto por los fueros de la primera entrega, hasta habrían penalizado menos la nota, pero yo soy especialmente crítico con los videojuegos en los que la jugabilidad se resiente a favor de recursos que nos hacen simples espectadores. Que no nos dejan pensar que hemos ganado por esfuerzo.

Si la segunda entrega no hubiese existido, pienso que no se habrían destacado tanto los problemas en este juego, pero una vez que se alcanzó aquel “punto de sincronía” con El Reino de los Ladrones, donde el juego no parecía flaquear prácticamente nunca, algo un poco (ya que no es especialmente grave la distribución, aún por encima de la poca variedad del original) por debajo es menos valorado. ¿Un paso atrás respecto a Uncharted 2? Quizá sí, debido a esta peor distribución y abuso de situaciones, pero en la práctica, al estar a los mandos, continúa ofreciendo justo lo que busca: un gran ritmo, intensidad y espectacularidad. Aunque algunos de los trucos ya sean algo viejos.

Otros

El juego cuenta con más de una veintena de capítulos que otorgan una duración en torno a las 12-16 horas dependiendo de la dificultad, y una vez más nos obsequia con la posibilidad de obtener toda una serie de tesoros escondidos por los escenarios y trofeos de gran variedad. Cuenta, así mismo, con un modo multijugador, si bien, como me ocurre con la valoración de Uncharted 2, no lo puedo comentar al no haberlo disfrutad, por lo que cualquier opinión que emitiese sobre él no sería precisa.

Quizá algún día deba hacerlo por ver qué me pierdo, pero realmente los multis competitivos (y más en un género que no se me da especialmente bien, como son los TPS) no son realmente de mi gusto, y una valoración de los mismos no alcanzaría el grado de profundidad que me gustaría ofrecer. Pese a todo, debo insistir en algo que llevo arrastrando desde que analicé el primer Uncharted: Naughty Dog tiene medios y ha demostrado poseer el talento de poder realizar obras mucho más ambiciosas que esta. Sin ir más lejos, ya lo consiguieron en el pasado, y The Last of Us (que pronto analizaré, al terminarlo en PS4) lo sigue demostrando.

Conclusión

Si Uncharted: El Tesoro de Drake fue mi ruptura con Naughty Dog y Uncharted 2: El Reino de los Ladrones mi reconciliación (aún con ciertas reservas por saber que son capaces de más), esta tercera entrega de la saga es como un matrimonio que no aporta ya ninguna sorpresa al conocerse plenamente el uno al otro, pero aun así se mantiene satisfactorio. Tomando la base sobresaliente que llevó a la segunda historia de Nate al reconocimiento mundial, la aventura por la búsqueda de Iram de los Pilares ofrece justo lo que busca aquel que se quedó con ganas de más: mucha espectacularidad, gran variedad jugable, y un juego que puede agradar aun a los que no son especialmente versados en TPS.

Pese a ello, un ritmo algo más irregular lo hacen quedar un poco por debajo de su antecesor en lo jugable, abusando especialmente del cuerpo a cuerpo, mucho menos inspirado que las secciones de tiroteos, o de la repetición de fórmulas de scripts como huidas desesperadas, persecuciones, momentos “motion blur” o escenarios a punto de romperse las veces suficientes como para que se note, algunos incluso algo incoherentes de cara a ofrecer una trama más creíble.

Uncharted 3 no es un mal juego en absoluto, y su mayor pecado es no revolucionar prácticamente nada de lo que hizo grande a El Reino de los Ladrones, quizá debido a que los que trabajaron en él no eran los que crearon la medida experiencia de Uncharted 2, y se limitaron a no alterar demasiado lo que ya funcionó.

Si aquel juego no hubiese existido, algunas de las taras de este proyecto dirigido por la ya ex del estudio Amy Henning (como pueden ser el gunplay o la estructura narrativa) quizá no serían criticables, pero, viniendo de un juego tan bien medido, es imposible no caer en comparaciones. Que Uncharted 1 fuese peor que el 2 en ciertas cosas por ser anterior es comprensible, pero que la secuela de éste retroceda en algunos puntos es sancionable.

Mejora aspectos narrativos (en la psicología de los personajes, no en la construcción de la trama, que sigue el mismo esquema) y técnicos (especialmente animación facial e iluminación) para compensar, dando como resultado un juego a la altura de la compañía que pone su nombre al desarrollo, y que merece ser disfrutado aun no siendo especialmente fan de los TPS ni ser de los juegos más profundos que tiene Playstation 3 por un solo motivo: logra divertir pese a sus fallos. Que debería ser suficiente en un videojuego.

Nota

Historia: Manteniendo todos los elementos de cine de acción y aventuras que son seña de identidad de la saga, Naughty Dog explora mucho más la psicología, el pasado y las motivaciones de sus personajes, construyendo a mi juicio los villanos más complejos de la trilogía. La ambientación de Iram de los Pilares y el modo en el que se va desentrañando el misterio hacen que la trama mantenga generalmente el nivel de Uncharted 2, y a mi juicio, incluso la supere en algunos momentos, aunque pesan algunas incoherencias y la repetición del esquema de las tramas previas sobre el resultado final. (8.25)

Gráficos: La expresión facial, algo que le achacaba como punto negativo a Uncharted 2, mejora muchos enteros aquí (aún sin ser perfecta del todo), y se mantiene lo que ya hacía grande al anterior, mencionando de forma capital el diseño de escenarios que tanto favoreció a la jugabilidad del anterior y hace con éste. La iluminación y las físicas del agua merecen una posición privilegiada, indicativos de la gran potencia de PS3 y de cómo explota Naughty Dog los sistemas en los que trabaja. Prácticamente intachable en este aspecto. (9.75)

Sonido: No destaca especialmente, aunque ni mucho menos es una mala OST, con momentos muy punteros y una gran ambientación árabe que amplifica lo que vemos en pantalla. El doblaje sigue manteniendo un nivel realmente bueno. Quizá no pase a la historia de las bandas sonoras, pero cumple sobradamente su objetivo de acompañar. Que la puntúe por encima de la de su predecesor se debe a que tiene un mayor número de temas más destacables. (8.5)

Jugabilidad: Si Uncharted 2 te gustó, esta tercera entrega sin duda lo hará también. Todo lo bueno que aquel tenía, como los variados tiroteos (algo lastrados, eso sí, por un peor gunplay) y el gran ritmo de juego se mantiene aquí, aunque la peor distribución de sus elementos, la notoria repetición de secuencias de scripts (lo cual se hace evidente a la segunda vez que se ve lo mismo en dos ambientaciones distintas) u otorgar al cuerpo a cuerpo, muy correcto y poco profundo, mayor protagonismo en el desarrollo, y muy especialmente la decepcionante pelea con el jefe final lo hacen quedar algo por debajo de éste, aunque muy por encima del original. Quién busque divertirse con un TPS, seguirá teniendo eso en Uncharted 3. (8.25)

Otros: 12-16 horas de juego, coleccionables, tesoros (algunos realmente enrevesados de encontrar), varios niveles de dificultad, trofeos…el multijugador mejora en gran medida respecto a Uncharted 2, pero, como dije, no puedo entrar a valorarlo en profundidad. La existencia de Uncharted 2 y las inevitables comparaciones quizá han camuflado algunas de las grandes ideas del juego, que tiene sus propios argumentos para poder ser recordado. Su menor ritmo y distribución de los elementos jugables, aunque notorio si se le compara con el dos, no lo lastra como juego ni lo hace menos divertido. (8.5)

Nota: 8.6/10

Gracias por tu tiempo, y por leer el artículo.

Un saludo.

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Acerca de adx94

19. Estudiante de 2° de psicología en la UAL. Autor de la novela Memorias de un Oscuro Deseo y el blog Hobbie Street. Moderador de @MeriStation Ver todas las entradas de adx94

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