Artículo: La chica que dejó de creer en Sonic (por PurpleBlaze)


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El blog vuelve a tener actividad, en esta ocasión con una nueva colaboración tras bastante tiempo desde la última. Debido a cuestiones de trabajo, no he podido dedicar todo el tiempo que me gustaría a los textos que tengo previstos, lo que ha provocado que en el pasado mes no hubiese actualización. No obstante, aunque los próximos análisis aún estén en proceso, he tratado de acercar al blog nuevas visiones, que en el pasado han podido cubrir nuevos géneros de los que yo no soy muy asiduo o incluso perspectivas críticas diferentes.

Este texto es de esos últimos, y lo firma Diana Sánchez, más conocida en redes como PurpleBlaze. Jugadora y escritora empedernida, trae para el blog una reflexión sobre el camino que ha seguido la franquicia Sonic the Hedgehog desde los ojos de un entusiasta de la misma desde casi sus inicios.  Todos tenemos nuestras sagas que jugamos y compramos prácticamente sin pensar, disfrutando hasta sus más prescindibles spin-offs. Sin embargo, ¿qué siente un jugador cuanto su franquicia predilecta pierde su identidad, aquello que le hizo enamorarse de ella? ¿Cómo evoluciona el pensamiento de un fan conforme se van lanzando distintas entregas? Tales reflexiones, entre otras, las podréis leer en el texto de Diana, el cual os dejo a continuación. Espero que lo disfrutéis, y, si queréis seguir leyéndola, podréis verla en su blog “La Escritora Onírica”.

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No es fácil ser una fan de Sonic.

Llevaré ya… ¿cuánto? ¿17 años? Echando un vistazo atrás, me resulta difícil señalar una fecha concreta. Una Sega Saturn, una copia de Sonic Jam, y una niña con demasiado tiempo libre y escasas aptitudes sociales. ¡El combo perfecto! En aquel entonces, Sonic era todo mi mundo. Nunca olvidaré aquella sensación cuando llegaba a casa después de un día duro de clase, encendía la consola, y volvía a jugar por enésima vez a Sonic 2, con la esperanza de que podría pasarme Wing Fortress y ver el final del juego. ¡Sin usar el truco para seleccionar niveles!

Era algo grande, algo importante. El erizo azul se convirtió en el héroe por excelencia de mi infancia. Y cuando llegó la generación tridimensional, la cosa no quedó ahí. Sonic Adventure 1 y 2 no sólo demostraron que Sonic podía funcionar en 3D, sino que además podía contar una historia, con una narrativa profunda e interesante. Lejos quedaban ya las clásicas tramas de un malo muy malo y un bueno muy bueno que se enfrentaban porque sí. Había un erizo negro molón, música rockera, un Dr. Robotnik (ejem) más malicioso y maligno que nunca…y minijuegos de pesca. Pero, ¡qué importa! ¡Eran grandes juegos; más que eso, obras maestras que se habían ganado un hueco en el corazón de los fans y que auguraban un futuro aún más glorioso si cabía para el erizo, para SEGA, y para todos aquellos en este planeta que los adorábamos!

Ja.

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Todo el mundo sabe qué sucedió después. La “época oscura” de Sonic, cuyo recuerdo todavía nos atormenta hasta nuestros días. Un Sonic Team que parecía perdido, tratando de encauzar una franquicia sin saber qué dirección tomar. Buenas ideas que terminaban quedándose en eso, sin llegar a explotar todo su potencial. Sonic perdió su toque, y, no sé cómo ni cuándo, pasó de ser un icono más de los videojuegos, al erizo azul que vende productos para niños tiene un montón de fanart cuestionable en la red.

¿Qué ocurrió?

No creo que haya una respuesta simple a esta pregunta, y francamente, tampoco es la finalidad de este artículo. Pero recordarlo siempre me deja un regusto amargo. Soy la primera en decir que no creo que juegos como Shadow the Hedgehog fueran tan malos como la gente los recuerda. Pero sí es cierto que parecían haber perdido parte de la magia que hacía a Sonic…bueno, Sonic. Los elementos estaban ahí, pero parecía faltar alguna cosa. La reputación de Sonic cayó tan y tan bajo, que incluso aquellos juegos que, en su momento, le catapultaron al estrellato, comenzaron a verse con otros ojos.

No es fácil ser una fan de Sonic. Es triste sentir cómo todo el mundo se burla de aquello que una vez formó parte importante de tu vida, sobre todo cuando lo hacen por fallos que cualquiera de nosotros podría haber cometido. Llegado cierto punto, incluso te llega a afectar, a creer que tienen razón. Cuando Colors y Generations llegaron al mercado, me sentí muy feliz; no sólo porque fueran buenos juegos, sino porque Sonic volvía a ser relevante, de un modo que hacía años que no era. Pero entonces llegó Lost World, y volvimos otra vez al ciclo. Y entonces llegó Sonic Boom, que es todo un mundo aparte.

Incluso ahora, tras la salida del aclamado “Sonic Mania”, la gente dice que Sonic debería morir. Que el Sonic Team debería desaparecer y no seguir dedicándose a esta saga, que esa responsabilidad debería recaer en manos más competentes. Para una persona como yo, cuyo juego más esperado del año es Sonic Forces…es duro. No duele, porque no deja de ser nada más que un juego, pero se siente…raro. Aunque una persona se diga a sí misma que no importa la opinión de los demás, que lo importante es disfrutarlos una mismo (¡y es cierto!)…cuando sabes la historia detrás de algo, y ves cómo se trata ese algo hoy en día, es difícil quedarse quieta y no sentir nada.

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El caso es, y adonde voy con todo esto…el otro día volví a jugar, después un año de habérmelo comprado, a Sonic Lost World. Un juego que ni siquiera me compré de salida, del que no esperé gran cosa y me dio justo eso: otro Sonic más, para jugar, terminar y meter en la caja. Cosa que ni siquiera llegué a realizar por completo. Pero con el lanzamiento de Mania y Forces, y todo lo que subyace al hype, quise revisitar algunos de esos juegos a los que nunca sentí darles la oportunidad que merecían, incluyendo Lost World. Y entonces algo extraño ocurrió. Algo que no ocurría desde hacía por lo menos una década.

¿Cómo se puede describir la sensación cuando juegas a algo y, de pronto, una sonrisa aparece en tus labios, y sientes un cosquilleo agradable bajando por la espalda? No recuerdo la última vez que me sentí así jugando a un juego de Sonic. Incluso Generations y Mania, dos juegos que aprecio muchísimo, se ganaron mi respeto a base de la trampa de la nostalgia. Pero cuando rejugué a Sonic Lost World…algo cambió. Quizá fui yo, que en este año he madurado como persona. Quizá sería la distancia, que me ha ayudado a reflexionar y analizar las cosas desde un nuevo paradigma. Pero esta fue la primera vez, en mucho tiempo, que Sonic me hacía recordar por qué me gustaba Sonic.

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Sonic Lost World es muy creativo, tiene un buen diseño de niveles, es precioso (tanto a nivel artístico como auditivo)…y los controles, que fueron quizá la razón de que dejara de jugar en su momento: ¡ahora me encantan! Siendo honestos, el juego hace un trabajo bastante pobre a la hora de explicar cómo se juega.  Pero cuando superas esa barrera, y comienzas a dominarlo, te das cuenta de que este es quizá uno de los juegos de Sonic más precisos. Tiene plataformeo, tiene velocidad, e incluso a Sonic como único protagonista, sin recurrir en exceso a mecánicas extravagantes de un modo excesivo. Los wisp de Colors vuelven a hacer acto de presencia, pero son un añadido muy menor. Este juego es, al 100%, puro Sonic. Y el hecho de que no me diera cuenta en su momento, me hace sentir miserable.

Ahora que lo he terminado, y que todavía lo sigo jugando, puedo decir: Sonic Lost World es uno de los mejores juegos de Sonic en 3D. Y diré más: no nos merecemos al Sonic Team. Me sabe muy mal la nefasta reputación que goza este estudio hoy en día. Sonic Lost World es uno de los juegos más peculiares que han ofrecido quizá en toda su carrera, al nivel de aquel NiGHTS into Dreams. Es experimental, es raro, es…único. No digo que sea una obra maestra, cuidado. Oh, no, tiene también muchos problemas, como el tratar de meter demasiadas ideas sin un foco concreto que las cohesione. Pero el esfuerzo que tiene este juego detrás, la pasión que se respira en cada molécula…es algo que tampoco puedo ignorar.

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Vivimos en una industria donde la norma son las críticas debido a la falta de ideas frescas y originales. Y aquí tenemos a una desarrolladora, esa que la gente quiere ver extinta, que dice no a todas las convenciones, para crear algo propio y especial. Yo también me quejé de ello en el pasado: de por qué no aprovechar la fórmula que funciona en lugar de reinventarse una y otra vez. Creí que esa era la solución, que era lo que Sonic necesitaba para volver a ser bueno. Pero empiezo a preguntarme…¿y si nos equivocamos? ¿Y si estábamos todos equivocados? Quizá el Sonic Team nunca perdió su toque…quizá, no supimos entenderlo. Y ahora, me doy cuenta, y me doy un golpe en la frente por no haberlo hecho antes. Esta creatividad, esta pasión…es precisamente lo que hace al Sonic Team especial.

En un mundo donde todos quieren imitar al que tiene éxito, se llame este Uncharted, Grand Theft Auto, Call of Duty…o incluso Mario. ¿Por qué sentimos la necesidad de atacar a quienes sólo quieren ofrecer cosas nuevas y diferentes? Se podría argumentar que lo que estoy diciendo es una tontería, más aún cuando se ve la clara inspiración de Super Mario Galaxy en Lost World. Pero para mí es un ejemplo muy claro de lo quiero ilustrar: otras compañías, de haber querido hacer su propio Mario Galaxy, se habrían limitado a copiar y pegar, como quien sigue una lista o manual de “cosas que hacen falta para que algo funcione”. Cuando juegas a Sonic Lost World, aprecias que el Sonic Team puso mucho más esfuerzo que todo eso. Sonic Lost World no se siente como Mario Galaxy, del mismo modo que juegos como Crash Team Racing no se sentía un mero clon de Mario Kart. Sonic Team cogió un concepto que funcionó y se planteó como poder usarlo para poder crear algo propio…exactamente igual que hiciera en sus orígenes, para plantar cara a la mascota de Nintendo.

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Siendo sincera, ahora veo al Sonic Team con otros ojos. Sonic Lost World es un juego manchado por los errores del pasado: no es hasta que uno mira más allá, lejos de los prejuicios, que puede apreciar todo el mimo y cariño que pusieron en él sus desarrolladores. Un esfuerzo que no tendría por qué haber puesto. Y no lo recompensamos. Les criticamos porque queremos más de lo mismo. El Sonic Team es tipo de desarrollador  que ya no abunda en esta industria, y nosotros queremos matarlo. No estoy diciendo que la gente tendría que montarles un altar, ni que todo lo que hagan sea digno de elogio. Pero sí estoy convencida de que hay mucho más de lo que puede parecer a simple vista. Son ambiciosos y tienen una visión, cualidades dignas de respeto y que estamos olvidando.

Siento no haber creído en vosotros, Sonic Team. Ahora, alzo la mirada hacia el horizonte, expectante de lo que pueda brindar el futuro. Estoy muy emocionada por la inminente salida de Sonic Forces, pues he comprendido que la magia sigue con ellos, y que no tienen miedo de darlo todo. ¿Lograrán encandilar al público general y triunfar en Metacritic? Probablemente no. Quién sabe, quizá incluso resulte un juego malo (oh, el tan infame “Sonic Cycle”). Pero ni lo sé ni me importa. Lo que sí sé, es que el día de lanzamiento habrá una copia de Sonic Forces en mi casa, y que lo jugaré como un tesoro muy preciado. Porque el Sonic Team es importante para mí, y esta vez no lo olvidaré.

PurpleBlaze

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