Análisis: The Liar Princess and the Blind Prince


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La industria de los videojuegos actual nos ha acostumbrado a que se establezca una cierta división de las obras publicadas en tres vertientes claramente diferenciadas. Por un lado, tenemos los desarrollos de corte triple A y los pequeños proyectos, llamados “indies”, ocupando los extremos del continuo. Finalmente, el centro nos revela un estilo de producto que durante muchos años era bastante inusual, como eran los “doble AA”, juegos con un presupuesto más contenido que las grandes superproducciones, pero su propio valor para ponerlos un escalón por encima de una obra más pequeña. Normalmente, muchas de las desarrolladoras japonesas de nicho suelen encontrarse en este espectro, tratando de mantener un negocio estable y centrado en su espectro pequeño pero fiel de jugadores.

Sin embargo, tanto las grandes desarrolladoras como las medianas se han dado cuenta del potencial que tienen los indies de cara a enriquecer sus catálogos, y muchos han sido los esfuerzos donde una compañía caracterizada por juegos ambiciosos centra ciertos recursos en amparar proyectos más contenidos e intimistas para enriquecer su oferta. Lo hemos visto en EA con su iniciativa Original o en Sony con los Playstation Talents, tan importantes para el desarrollo patrio. Nippon Ichi Software (NIS), la compañía que hoy nos ocupa, también consideró importante dar espacio a estas obras, iniciando hace tiempo una corriente de pequeños proyectos bidimensionales que, sin tener pretensiones ambiciosas, lograban ofrecer algo original, fundamentalmente a nivel artístico. The Liar Princess and the Blind Prince es el último que sigue esta filosofía, tomando lecciones aprendidas de los anteriores juegos para darnos un pequeño cuento interactivo que no busca trascender ni revolucionar el género de los plataformas de puzles, pero que consigue, en cualquier caso, ser sólido en todo lo que se propone a pesar de su escasa dificultad.

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La idea central de esta pequeña historia de NIS es presenta una suerte de cuento infantil centrado en una ambientación fantástico-medieval, con ciertos tintes más siniestros sin perder la inocencia. Inicialmente, nos presentará un lejano reino rodeado de un oscuro bosque controlado por una pérfida bruja. En él, habita una loba con una peculiar costumbre: cada noche, asciende a una colina a la luz de la luna, y presta su bella voz al viento, entonando canciones que iluminan la penumbra del bosque. Sin ella saberlo, pronto tiene un inesperado espectador, el príncipe del reino, que se escapa cada jornada de la estricta vigilancia del castillo para escucharla cantar al pie de la colina. Esta dinámica continúa muchos días, acostumbrándose la loba a recibir —primero con estupor, luego de buen grado— los aplausos del pequeño cada noche.

Sin embargo, todo cambia un día, donde la curiosidad del príncipe le conduce a escalar el terreno para conocer la identidad de esa enigmática cantante. Al verle aparecer, la loba se sorprende, asustada por la férrea lucha que existe entre monstruos y humanos y la posibilidad de ser atacada. En medio de su confusión, trata de esconderse, con la mala fortuna de alcanzar por accidente al príncipe con sus afiladas garras, arañándole los ojos y dejándolo irremediablemente sin visión. Llena de culpa y remordimiento por dañar al único que le mostró aprecio, decide acudir desesperada a la malvada bruja del bosque, quien podría con su magia devolverle la vista al príncipe. No obstante, la loba sabe que no podrá acercarse a él en el castillo al ser un monstruo, y él no confiaría en la persona que le hirió. Por ello, llega a un pacto con la hechicera: a cambio de su capacidad de cantar, podrá transformarse a voluntad en una pequeña princesa humana, pudiendo así acercarse al joven ciego y conducirlo por el siniestro bosque a salvo hasta la bruja, con la vaga esperanza de poder sanarle.

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La historia de The Liar Princess and the Blind Prince se desarrollará a partir de esta premisa en pequeñas secuencias estáticas contadas como si fuesen un libro ilustrado, de esos que todos nosotros hemos leído de pequeños y que tantos buenos recuerdos nos despiertan, pasando las páginas en pequeñas escenas que contextualizan nuestros andares por los escenarios. Sin necesidad de complicar la narrativa más de lo imprescindible, veremos cómo el príncipe ciego se deja guiar por nuestra mentirosa princesa hacia el corazón del bosque. Iremos viviendo una serie de situaciones y conociendo peculiares personajes que profundizarán en ideas como la naturaleza humana, los prejuicios, las consecuencias de la mentira o el precio a pagar por un sentimiento de culpa. La historia está bañada de cierta melancolía, pequeños puntos siniestros (sin dar miedo en ningún caso) y una clara intención educativa, dejando moralejas al jugador constantemente. La relación entre los dos protagonistas es encantadora, marcada por la infantil inocencia del príncipe y las dificultades de la loba por hacerse pasar por humana, chocando irremediablemente con ciertos aspectos de su cultura.

Resulta bastante interesante cómo se combinan los lazos de confianza que progresivamente van formando ambos personajes con la obtención de nuevas mecánicas jugables, ya que el príncipe inicialmente es muy pasivo, callado y vulnerable, y posteriormente se irá fiando más de nosotros, interviniendo más en los diálogos, y pudiendo incluso dejar que se mueva solo por los bellos parajes del bosque. Hay algunos momentos realmente tristes capaces de sacar lágrimas a aquellos que sean más emotivos, y, en último término, creo que deja valiosas lecciones acerca de las consecuencias de la mentira que un padre podría tomar de referencia para educar a sus hijos, especialmente teniendo en cuenta que el juego ofrece mecanismos para sólo centrarse en esta historia (pudiendo incluso saltar las secuencias jugables si se desea). No obstante, esta propuesta de NIS, como viene siendo habitual en la compañía, ha llegado solo en inglés, y requiere un nivel intermedio para comprender algunos momentos, restándole potencial de cara a ser disfrutado por los más pequeños.

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En lo referente al plano jugable, The Liar Princess apuesta por una fórmula muy tradicional (y en cierto modo sobre-explotada) en los proyectos de corte independiente centrados en la narrativa, como es la combinación de puzles y plataformas. En este sentido, iremos transitando por una serie de niveles bidimensionales. No obstante, el principal punto diferenciador se encuentra en la condición del príncipe, el cual, al no tener visión, depende totalmente de la princesa para desplazarse por los escenarios. Así, tendremos que llevarlo de la mano hasta alcanzar el final de la fase (representada por un espantapájaros), despejando obstáculos por el camino que le impidan progresar. A este respecto, contaremos con la posibilidad de alternar entre la forma de lobo y la de humana en nuestra mentirosa protagonista. En la primera de ellas podremos saltar más alto, golpear a los enemigos (que no pueden dañarnos) y caer desde grandes alturas, además de tener un peso superior importante en algunos puzles. En cuanto a la forma humana, es la única que nos permite tomar al príncipe de la mano (ya que le aterraría ser tocado por la mano que le dejó ciego), y podremos también mover palancas y coger flores. Sin embargo, nuestra capacidad de salto es menor, no podremos caer grandes alturas, y somos vulnerables a las amenazas del entorno.

Iremos obteniendo otras mecánicas conforme avancemos la historia, como la posibilidad de dar órdenes verbales al príncipe (primero solo al tomarlo de la mano y luego desde lejos, incluso en forma de lobo). A este respecto, podremos indicarle que se desplace cortas distancias en ambas direcciones, o que recoja algunos objetos (como piedras y linternas), pudiendo desplazarse con ellos. Todas estas mecánicas contribuyen, en último término, a ir desarrollando los distintos puzles, que suelen estar temática y mecánicamente diferenciados según la zona. En algunos, tendremos que situar a príncipe en un interruptor mientras que con la loba lanzamos un objetos hacia otro. Determinadas circunstancias pueden requerir que limpiemos una zona de enemigos para facilitar el avance del príncipe, mientras que otras se fundamentan en jugar con las físicas del entorno, tele trasportarnos, transitar a oscuras por una cueva encendiendo linternas, alterar el peso de plataformas o incluso en resolver acertijos numéricos en un inglés medianamente complicado.

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Normalmente, cada zona suele presentar una mecánica jugable nueva que suele centrar la atención de los puzles posteriores. La estructura del juego se divide en varios capítulos que nos llevan por distintas secciones del bosque, y en todos los casos el objetivo es abrir una ruta adaptada a la discapacidad y movilidad del príncipe, siendo caminos generalmente lineales y sin demasiado backtracking. Resulta un acierto por parte de NIS ir incrementando poco a poco las posibilidades, ya que los puzles no se sienten nunca demasiado repetitivos y van incrementando las demandas al jugador paulatinamente con cada fase dentro de cada capítulo. Es una experiencia fundamentalmente diseñada para ser relajante y tranquila, a pesar de que hay ciertos momentos con algo de tensión y premura, logra mantener tu interés solo por ver qué posibilidad se abrirá en el siguiente nivel, o cómo se puede aprovechar de un modo nuevo las mecánicas ya vistas.

El principal problema que tienen todos los puzles en conjunto es la baja dificultad y la escasa originalidad, ya que suele resultar bastante obvio lo que se debe hacer en cada caso, fundamentalmente vinculado a que las mecánicas no son demasiado variadas ni las alternativas de puzles especialmente ricas a pesar de su alternancia. Con la excepción de un par de puzles muy concretos (y uno es opcional) podremos avanzar prácticamente sin problemas por los mapas, ya que, incluso si en momentos puntuales nos atascamos o cometemos un error que liquida a nuestros personajes, reaparecemos prácticamente donde morimos. Igualmente, como mencioné antes, podemos incluso saltar las secciones jugables por completo, si bien es algo que no recomiendo, porque, aunque sencillos, los puzles del juego se hacen disfrutables y en cierto modo relajantes, además de poder disfrutar de los cuidados entornos.

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Cada uno de los niveles tiene una serie de coleccionables que podemos encontrar, muchas veces en plena ruta principal, y otras obligando a tomar rutas accesorias o incluso realizar puzles opcionales. Se dividen fundamentalmente en dos tipos distintos. Por un lado, tenemos los pétalos, que suelen tener un número reducido por nivel, existiendo 100 en total. Cuando llegamos a un número concreto, se desbloquearán unas ilustraciones de la galería a modo de libro de arte digital, pudiendo ver en las anotaciones el proceso de diseño de los personajes, entornos y distintas características visuales de The Liar Princess. Por otro lado, en zonas medianamente ocultas existen unos jardines de flores que nos permiten, en forma humana, tomar una de ellas y llevarlas hasta el príncipe. Hacer esto nos desbloqueará pequeños segmentos narrativos centrados en la misteriosa figura de la bruja del bosque, otorgándonos más contexto sobre el porqué de su poder, acciones, e incluso desenlace de la historia. No obstante, al igual que los propios puzles, conseguir los coleccionables es algo bastante sencillo, siendo difícil no terminar el juego con la mayoría de ellos a poco que exista interés en explorar las fases con detenimiento.

Unas fases que, sin duda, son el principal aliciente de esta pequeña propuesta de NISA, ya que visualmente están tratadas con un extremo cuidado, siendo una delicia para los ojos y potenciando la sensación de encontrarnos en un bosque mágico y especial, pero al mismo tiempo siniestro y peligroso, oscureciendo los bordes de la pantalla para reforzar la sensación de estar rodeados por la fronda. Los personajes y enemigos, igualmente, poseen una estética muy particular, con ciertos tintes de Tim Burton y una elevada expresividad. Sin embargo, a nivel de animaciones son un poco irregulares, teniendo en momentos muy puntuales algún que otro salto en las mismas. La banda sonora es otro aspecto también muy a destacar, con piezas que ayudan a reforzar la coherencia del universo y el misterio que se quiere imprimir. En lo referente a las secciones narrativas, una única voz femenina leerá todos los pasajes y hará todas las voces, reforzando la sensación de estar siendo testigos de un cuento que alguien está contando a otra persona. La dobladora (en perfecto japonés) pone además un especial énfasis en emplear entonaciones adecuadas para cada personaje, reflejando inocencia cuando es necesaria o peligro cuando está presente.

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A nivel global, podremos superar The Liar Princess and the Blind Prince en aproximadamente 5 horas, pudiendo reducirlas un poco si no nos entretenemos en buscar coleccionables. De hecho, saltándose las secciones jugables se podría terminar en una sesión de incluso hora y media, pero considero que merece la pena disfrutar la experiencia relajante y visualmente cuidada que NIS ha creado. Podremos en todo momento re-visitar los niveles ya superados en busca de los coleccionables faltantes, y el juego posee un sistema de logros internos que propone cierto reto, como vencer en algunas fases sin derrotar enemigos, incrementando la duración total hasta las 7-8.

No es, en ningún caso, una experiencia extensa ni lo pretende, pero sí logra dejar una buena impresión sin revolucionar en ninguna de sus facetas. En lo referente a la versión de Switch (la cual he usado para el análisis) no se aprecia ningún aspecto técnico reseñable negativamente, más allá de ciertos saltos de animaciones muy puntuales. En modo portátil se aprecian los textos perfectamente y visualmente es nítido, siendo una opción a considerar por la naturaleza breve del juego, ideal para sesiones cortas.

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En definitiva, NIS tiene muy claros sus objetivos con esta corriente de juegos a la que pertenecen los Yomawari, htoL # NiQ o A Rose in The Twilight, y es la de ofrecer pequeñas historias muy intimistas, con moralejas e influencias mágicas en su ambientación. En ningún caso se busca crear retos, sino experiencias relajantes. A este respecto, la escasa dificultad de The Liar Princess puede ser su mayor talón de Aquiles para esos jugadores que busquen un reto. Igualmente, la variedad mecánica no es demasiado elevada, y focalizar cada sección en cierto tipo de puzle puede hacerlas incluso algo predecibles.

Por lo demás, se nos ofrece una historia inocente (aunque poco accesible a los pequeños por su nivel de inglés intermedio), con múltiples moralejas sobre la mentira, la culpa y la naturaleza humana, enriquecida en un envoltorio visualmente hermoso y sonoramente redondo, destacando especialmente el esfuerzo de la dobladora por dar credibilidad a la forma de contar el cuento. Para aquellos que busquen experiencias sin demasiadas complicaciones y les gustan los juegos focalizados en la narrativa, esta obra es una buena opción, pero, si buscas dificultad y puzles para darle vueltas a la cabeza, sin duda hay que buscar en otro lugar. En cualquier caso, es necesario destacar que las compañías tomen riesgos y continúen enriqueciendo sus propuestas para llegar a todo tipo de público.

Gracias por tu tiempo, y por leer el artículo.

Un saludo.

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