Análisis: The Pathless

Cuando Thatgamecompany lanzó Journey en 2012, tuvo un gran impacto en la industria. Con una excelencia artística innegable, la pequeña obra indie se alzó con múltiples reconocimientos. Cuando una obra triunfa de tal modo, es inevitable que surjan inspiraciones y homenajes. En algunos casos trataron de imitar ese mimo artístico, en otros, tomaron un enfoque de “experiencia interactiva” más que de videojuego propiamente dicho. En esta tesitura, el pequeño estudio Giant Squid lanzó en 2016 Abzu, el cual podía calificarse básicamente como “Journey bajo el agua”. Pese a que la inspiración era clara y no se escondía en ningún momento, lograron una obra bastante interesante, aunque no llegase a las cotas de su principal referencia. Desde entonces, el estudio continuó trabajando en esa misma línea de foco artístico al presentar el juego que nos ocupa, The Pathless.

Inicialmente planeado para lanzarse en 2019, llegó finalmente al mercado a finales de 2020 distribuido por Annapurna, en un conjunto de plataformas algo atípico. Además de ser uno de los juegos de la ventana de lanzamiento de Playstation 5, se convirtió en una de las principales referencias del servicio de suscripción Apple Arcade, el cual cubre iPhone, iPad, ordenadores Mac y Apple TV. En cuanto a su lanzamiento en PC, corrió a cargo de Epic Games en su siempre polémica tienda. Sin duda, no es el mejor contexto para llegar a un amplio número de personas, pero, sin duda, los que decidan apostar por él difícilmente van a salir insatisfechos. Aunque Giant Squid no termine de despegarse de cierta sensación de exceso de inspiración en juegos de terceros y tenga mecánicas mejorables, con The Pathless logran evidenciar su madurez como estudio, creando un juego de exploración y puzles ameno, artísticamente excelente, y con interesantes moralejas.

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Análisis: Giraffe and Annika

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Hoy en día, muchos de los videojuegos que salen al mercado son demasiado largos. Mapas inmensos llenos de tareas que terminan volviéndose clónicas. Vueltas y vueltas argumentales innecesarias para extender el conteo de horas. Misiones de recadero intrascendentes. Pases de Batalla, eventos de temporada limitados, juegos como servicio, más bien como trabajo. Muchos son los trucos que llevan a cabo las compañías para que solo prestemos atención a su producto, manteniéndonos atados al mismo mucho más de lo que realmente logra justificar su contenido. El ocio como obligación, como lista de la compra. En este sentido, no resulta extraño echar la vista a otra clase de experiencias, más enfocadas y probablemente más honestas con tu tiempo y dinero. Duran lo que deben durar, y no tratan desesperadamente de obtener de ti hasta el último segundo y euro.

En este sentido, es un alivio que sigan existiendo videojuegos como Giraffe and Annika, donde, si tienes una historia que contar en menos de cinco horas, la cuentas y punto, no necesitas más. Esta pequeña obra de Atelier Mimina, publicada inicialmente en PC y ahora en consolas por mediación de NIS América, no busca atrapar al jugador eternamente. Te ofrece un pequeño mundo de cuento donde puedes ir directo al objetivo, o puedes invertir tu tiempo y curiosidad en profundizar algo más en los secretos de la Isla Spica, sin necesitar kilómetros cuadrados de terreno o llenar de coleccionables y secundarias repetitivas todo el terreno. Existe cierta ambición en esta modesta producción, en forma de variedad de mecánicas o diseño del mundo, pero lo cierto es que probablemente han tratado de abarcar demasiado sin redondear casi ninguno de sus apartados. Pese a todo, hay mucho que valorar en esta pequeña historia.

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