Análisis: Bakugan Campeones de Vestroia

El pasado mes de Julio, Nintendo anticipó en sus redes sociales el anuncio de un juego exclusivo para su consola Switch por parte de Wayforward, el cual sería anunciado en una presentación Treehouse (donde suelen enseñar jugabilidad comentada). Antes de que la especulación se desbocase (ya que el estudio es realmente talentoso en el desarrollo de metroidvanias y juegos de acción 2D), templaron los ánimos indicando que sería de una licencia de terceros. Estos ánimos básicamente terminaron por congelarse al desvelarse el resultado de esta colaboración: Bakugan Campeones de Vestroia, el primer videojuego en muchos años de esta franquicia de combate de criaturas principalmente orientada a niños, pero también valorada por adultos (en la misma línea de otras como pueden ser Beyblade o Medabots de mi época).

Murieron las expectativas, pero nació un meme. Y es que el gameplay mostrado en esa presentación Treehouse parecía digno de una compañía de cuarta fila, muy poca cosa para el talento de Wayforward. La presentación recibió una lluvia de dislikes en Youtube, y básicamente poco más se volvió a saber del juego hasta su lanzamiento, donde fue recibido de manera bastante tibia, por no decir directamente mala. Pero los que me conocen saben que esto no iba a detenerme, de hecho, solo iba a espolearme aún más. Siempre he defendido que incluso de un juego que aparentemente es malo se pueden sacar cosas positivas entre sus fallos si el género te atrae, y ahí están The Quiet Man o Anthem para demostrarlo. Con esta filosofía por bandera, me decidí a arriesgarme a comprar Bakugan Campeones de Vestroia sin saber muy bien dónde me podía estar metiendo, más allá de ser una suerte de RPG de combate y coleccionismo de criaturas a lo Pokémon, pero con el presupuesto ajustado. ¿Estamos ante un baku-desastre, o hay algo salvable en este meme viviente de 2020?

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