Análisis: Judgment


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La madurez es algo difícil de definir en un medio, y los videojuegos se encuentran inmersos en su particular debate al respecto. ¿Qué es lo que permite enmarcar a una obra como “adulta”? ¿Es realmente útil la etiqueta, o solo es una suerte de clasismo enmascarado, de tratar de establecer un cisma entre juegos “de verdad” y “de mentira”? Sea como sea, creo que no es un debate que tenga visos de alcanzar un consenso, y menos cuando se encuentra enmarañado por la corrección política y el tratar de no ofender a nadie. Queremos ser adultos, pero al mismo tiempo obviar todas las dificultades que la vida adulta conlleva y que esas obras podrían representar. Algo que nos haga reflexionar, pero que no nos lleve a dilemas morales incómodos sobre nosotros mismos. Que se pueda empatizar, pero dentro de unos límites. Que no evidencie que la superioridad moral no es más que algo ilusorio.

Esto, al menos, es lo que yo interpreto que se busca en lo “adulto” cuando se pide desde ciertas corrientes discursivas. Y es fundamental librarse de esta clase de ataduras, tener un poco más de confianza en la inteligencia del espectador (en este caso, jugador) a la hora de interpretar una obra. Ryu Ga Gotoku Studio pasa realmente desapercibido en medio de todo este debate. Y lo cierto es que probablemente es uno de los estudios de videojuegos que más cerca suelen estar siempre de desarrollar obras verdaderamente adultas, al menos desde el punto de vista de la historia y la narrativa. Obras que no tienen problema alguno de vender la cara más oscura de Japón, una infectada por la mafia, la corrupción, el machismo, la explotación o incluso por el olvido. Encarnamos a personajes de moral cuestionable, de principios férreos pero formas grises. Héroes que actúan como villanos si consiguen un bien mayor. Villanos que se visten de héroes en sus motivaciones que pueden tener un poso de justicia.

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No siempre es cómodo lo que representan las historias de este estudio, y Judgment no es ninguna excepción. Encarnando a Takayuki Yagami, un abogado reconvertido en detective privado. Las causas penales en Japón, como el propio juego establece, prácticamente nunca llegan a un veredicto de inocencia, pero nuestro protagonista logró lo imposible, librando de culpa a su cliente de una misteriosa muerte de un paciente de demencia. Sin embargo, lo que Yagami no podía imaginar es que, no mucho después de su increíble victoria, ocurriría un desastre: la misma persona en la que él creyó, defendió y salvó de prisión, ahora había asesinado a su novia y quemado su domicilio. El estigma, pues, le persigue desde entonces: el abogado que exculpó a un asesino. Incapaz de levantarse del golpe, dejó la abogacía pero siguió vinculado a la justicia en cierto modo, buscando la verdad de un modo menos ortodoxo.

El punto de partida de la historia es el asesinato de una serie de Yakuzas del Clan Kyorei, los cuales están apareciendo con los ojos arrancados en callejones del eterno barrio de Kamurocho (basado en Kabuchiko del Tokio real), en lo que se piensa parte de una potencial guerra de bandas con el Clan Matsugane, la división del Clan Tojo que ahora controla el barrio. Tras verse envuelto en la investigación por diversos motivos, Yagami descubrirá como lo que aparentemente parecía la obra de un asesino en serie psicópata se desvela poco a poco como una conspiración que emponzoña la sociedad japonesa a varios niveles, y no precisamente de los escalones más sombríos. La cuestión es: ¿será capaz Yagami de desafiar al bien común en su búsqueda de la verdad, o se verá arrastrado hacia la oscuridad por aquellos a los que la justicia incomoda? Todo ello se irá desgajando en un argumento bañando por el drama y con implicaciones éticas mucho más oscuras de lo habitual en el estudio.

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A pesar de enmarcarse en el mismo entorno que la saga Yakuza, Judgment se encuentra totalmente separado argumentalmente de esta. Bien es cierto que la aventura que disfrutamos se emplaza tras los acontecimientos acaecidos en Yakuza 6 The Song of Life, pero estos no resuenan en ningún momento en el periplo de Yagami. Encontraremos el mismo entorno (el barrio de Kamurocho) o al clan Tojo al que pertenecía Kiryu, así como algunos guiños a la saga de la que bebe Judgment en forma de personajes secundarios comunes, como un dependiente de ramen o el sucesor del maestro esquivo. Sin embargo, es totalmente seguro internarse en esta nueva historia sin haber jugado antes a un Yakuza. No obstante, tampoco se debe engañar el potencial comprador de esta obra: a pesar de llevar otro título, a todos los efectos Judgment es un Yakuza, bebiendo así de ella a nivel de diseño narrativo, jugable o en el planteamiento de sus contenidos secundarios, siendo sus aportes propios circunstanciales o incluso perjudiciales para el conjunto de la experiencia.

El principal fuerte del argumento de Judgment son sus personajes, los cuales son la representación perfecta de cómo se debe huir de los estereotipos y de la balanza moral perfectamente balanceada, y no hay que tener miedo a desarrollar personajes incómodos moralmente en favor de la historia. De un modo u otro, todos tienen sus momentos de rectitud moral y de impiedad, e incluso se ven inmersos en situaciones sexistas, violentas o directamente inmorales. Yagami tiene motivaciones nobles, pero no tiene problema alguno en recurrir a métodos cuestionables para alcanzarlas. Esto, en cierto modo, lo acerca bastante a unos villanos poco convencionales. La historia se encuentra bañada por un amargo tinte de crítica social, donde se pondrán frente a nosotros toda una serie de eventos enormemente dramáticos. Inicialmente Judgment tiene muchas dificultades para arrancar argumentalmente, lo cual es una constante en los Yakuza, dando demasiadas vueltas hasta concretar en algo. Sin embargo, habitualmente, una vez concretan, nos espera una auténtica espiral de giros argumentales, emociones y eventos impactantes.

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Sin embargo, y esto en cierto modo me supuso una decepción, esto no ha sido así en la nueva obra de Ryu Ga Gotoku Studio. En cierto modo, no apuesta sus cartas en ir desgajando el “qué”, el motivo que justifica todo, sino el “cómo”, las distintas capas que sustentan lo que ocurre (que conoceremos bien pronto) y como Yagami puede ir desentrañándolas. Parte de la desconexión con los acontecimientos viene precisamente por él, ya que nuestro detective protagonista, en algunas ocasiones, es demasiado certero en sus predicciones sin fundamento, clavando absolutamente lo que ocurre en momentos donde la trama no da las herramientas suficientes para que pudiese avanzar. Da la sensación como que la premisa planteada para la historia puede haber tenido algún problema en su concepción, ya que todo se desvela demasiado pronto y el teórico “hype train” final se desdibuja en medio de escenas donde solo te confirman lo que ya sabías de antemano. Es, de hecho, el primer juego del estudio donde acerté de pleno todos los giros argumentales, y el factor sorpresa siempre ayuda mucho a compensar la lentitud de su narrativa.

Al menos, el mensaje verdaderamente adulto se encuentra en la trama, poniendo al jugador ante un dilema moral realmente complicado: ¿qué es más importante, el potencial bienestar de miles, o la vida de unos pocos? El juego estará constantemente bailando en una delgada línea moral, lanzando al mismo tiempo mensajes muy amargos pero al mismo tiempo realistas sobre nuestra realidad política contemporánea. Cómo es tan difícil combatir un sistema que se protege a sí mismo en múltiples capas, cómo en ocasiones acciones aparentemente justas en el fondo esconden intereses viles. Aunque la trama como tal no brille como debería (por su lentitud, por su predictibilidad o por un par de momentos sin mucho sentido en la narrativa), su crítica hacia la sociedad japonesa en particular y la cultura política contemporánea en general es realmente válida. Es una pena que se vea empañada por un ritmo narrativo errático, una alarmante falta de sorpresas, y un cierre enormemente atropellado que estropea el potencial de algunos personajes que se quedan a medias.

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Un aspecto donde Judgment no solo mantiene el nivel sino que lo amplifica enormemente es el de los casos secundarios, esos contenidos de los Yakuza donde habitualmente se concentran una ingente cantidad de críticas y representaciones sociales envueltas en un aura de sátira o directamente humor ridículo. En esta ocasión, contamos con dos capas para el sistema: por un lado, tenemos a los “amigos”, los cuales iremos haciendo ayudándolos en sus peticiones personales a lo largo y ancho de Kamurocho (en algunos casos solo tenemos que comprar mucho en una tienda o restaurante concreto, en otros nos veremos forzados a combatir, o involucrar a otros amigos en la cadena…). Hacerlo mejorará nuestra reputación urbana, la cual dará acceso a la agencia de detectives a nuevas ofertas de trabajo (las cuales podremos recibir desde nuestra agencia, un bar o el antiguo bufete de abogados donde Yagami ejercía). Esto último son ya las misiones propiamente dichas, existiendo medio centenar de ellas, desarrollando desde historias focalizadas en el humor más ridículo a otras donde se critica, por ejemplo, la industria del entretenimiento japonés o el uso de las nuevas tecnologías.

Todo ello lo llevaremos a cabo con un sistema jugable que recuerda enormemente al de la saga Yakuza, heredando directamente todo el planteamiento beat´em up con mejoras propias de Judgment. Yagami conoce dos estilos de lucha —tigre y grulla— los cuales nos servirán para combatir enemigos individuales o grupos, respectivamente, de forma más efectiva. Contamos con dos botones de ataque (fuerte y débil), un agarre y un botón dedicado para correr/esquivar. La gran novedad de este último es que podremos saltar y rebotar sobre muros y paredes, pudiendo impulsarnos hacia los enemigos y realizar vistosos ataques aéreos. Por supuesto, tendremos ocasiones de utilizar armas, si bien en esta ocasión solo usaremos aquellas presentes en el entorno sin poder llevar otras en el inventario. Conforme vamos combatiendo se va llenando un medidor EX segmentado que, al llenarse, permitirá realizar determinadas acciones EX muy dañinas para los enemigos. Estas varían en función del estilo, el objeto que llevemos a cuestas o incluso nuestra situación en el combate. Podremos usar en pleno combate objetos curativos o una serie de tónicos que refuerzan nuestras estadísticas temporalmente.

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Tendremos ocasión de mejorar las prestaciones de combate de Yagami en un árbol de habilidades con tres pestañas, invirtiendo PH que conseguimos prácticamente con cualquier cosa que hagamos. Una de esas ramas está dedicada a ampliar capacidades básicas como la salud, el daño o la barra EX, mientras que otra se centra en desbloquear nuevas acciones especiales de combate para los estilos, y la otra basada en talentos de apoyo, útiles para los minijuegos o las acciones de detective que realizaremos. Esto último es el principal añadido de Judgment. Como detective, tendremos que recabar y presentar pruebas o explorar escenas importantes para nuestros casos, así como interrogar testigos, forzar cerraduras (con un sencillo minijuego con ganzúas o alambres) fotografiar escenas clave de crímenes o sucesos, así como seguir de incógnito a personajes importantes (o incluso llegar a perseguirlos en frenéticas carreras). Paradójicamente, en un spin-off que teóricamente se centra más en el aspecto detectivesco que en el habitual cóctel de palizas de Yakuza, el primer aspecto está mucho peor planteado que el segundo.

De forma más concreta, la mayor parte de las pruebas se obtendrán sin búsqueda alguna, y presentarlas a los testigos es un puro proceso de ensayo y error. Los interrogatorios sí suelen tener un “bonus por respuesta correcta”, que nos incentiva a responder lo más adecuado al caso y no irnos por las ramas, aunque igualmente podremos avanzar si nos equivocamos. Los seguimientos a sospechosos son secuencias de sigilo muy lentas y demasiado repetitivas. Tendremos que mantenernos a corta distancia de los objetivos, los cuales se darán la vuelta algunas veces, lo cual ocurrirá más si nos chocamos con objetos o ciudadanos. Si esto ocurre, tendremos que buscar coberturas en el entorno para escondernos. Sin embargo, el juego da tantísimo tiempo para ocultarnos antes de ser detectados, y la IA de los sospechosos es tan básica (a veces solo ponerte de espaldas o detrás de un cartel ya les quita la sospecha, y pueden tardar hasta 30 segundos en verte si estás delante) hace estas secuencias (muy numerosas, por otra parte), un tremendo engorro.

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La búsqueda de objetos en las escenas nos emplaza a una vista en primera persona donde podremos investigar determinados objetos que se nos pide encontrar (por ejemplo, la ubicación de una cámara de seguridad, o incluso gatitos callejeros) o identificar individuos que cuadren con una descripción, siendo mecánicamente común a la toma de fotografías. A veces, esto tendremos que llevarlo a cabo con un dron desde el aire, pero es tremendamente circunstancial, aprovechándose más este aparato en un minijuego que en la propia trama. Las persecuciones ya son el cénit de la irregularidad, no siendo más que secuencias automatizadas donde solo tenemos que hacer QTEs (y tampoco es necesario acertar demasiado) para terminar atrapando al objetivo antes de que escape. Intenté fallar a propósito una vez y era prácticamente imposible. Resulta evidente que estas mecánicas necesitan un poco más de trabajo, ya que son superficiales, repetitivas, y están muy poco implicadas jugable y narrativamente en la obra. Están muy relegadas al final a los casos secundarios, y apenas aparecen testimonialmente en la trama principal.

Al final, todos los sistemas centrados en la parte detectivesca no son más que respiros para lo verdaderamente central en la experiencia, como son los combates. Esto convierte a Judgment en otro Yakuza más con un pequeño adorno mecánico adicional de cuando en cuando, ya que, cuando la trama tiene que hacer algo importante, renuncia a los interrogatorios, presentación de pruebas o las búsquedas, y nos emplaza a un constante baile de golpes con auténticos ejércitos de enemigos o jefes duros. A este respecto, las nuevas mecánicas como los saltos en paredes hacen realmente divertido pelear, sumado a que ahora los jefes pueden llevar a cabo ataques letales que no solo nos hacen daño, sino que reducen nuestra salud máxima, complicando exponencialmente la lucha si no los esquivamos a tiempo. En ocasiones, incluso en dificultad Normal, la única forma de ganar es dominar a la perfección la esquiva y los bloqueos y golpear en el momento justo, o directamente ir hasta los topes de objetos curativos para ser más agresivo. Es muy divertido, pero me lleva a preguntarme por qué no es esto directamente un Yakuza, y para qué se ha intentado diseñar un sistema tipo “Ace Attorney” si luego no se ha explotado para nada. Ni siquiera tendremos ocasión de realizar interrogatorios o asistir a juicios más que un par de veces.

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En lo referente al resto de contenidos secundarios, como viene siendo habitual, Ryu Ga Gotoku ofrece al jugador una enorme variedad, si bien gran parte de la misma ya será familiar para los que sean veteranos en la saga. Encontraremos viejos conocidos como los dardos (con tres variantes de juego), el centro de bateo, el shogi (el “ajedrez japonés”) el siempre complicado Mahjong o los típicos recreativos de Sega. Al emplazarse Judgment en la era moderna, tendremos oportunidad de disfrutar algunos juegos más actuales, como Virtua Fighter 5 Final Showdown, así como una simpática adaptación de House of The Dead con el encuadre del spin-off Yakuza Dead Souls, llamado Kamuro of The Dead. También estarán presentes otros clásicos como Space Harrier o Super Hang On, todos ellos excelsamente adaptados por M2.

Suele ser habitual que existan algunos minijuegos más trabajados, y en Judgment esto tiene dos mitades que la trama se encargará de introducir puntualmente. Por un lado, tenemos Dados al Cubo, una experiencia VR (dentro del juego, no es compatible con PSVR) donde nos trasladarán a una Kamurocho virtualizada y convertida en un tablero de casillas al más puro estilo Mario Party. Lanzando dados, podremos obtener recompensas o pelear contra enemigos, obteniendo finalmente recompensas económicas y acceso a tableros más complicados. Necesitaremos pases de juego, que sueltan los enemigos en los combates frecuentemente, y también pueden adquirirse por dinero real. Por otro lado, tenemos las carreras de Drones, las cuales nos plantean una serie de circuitos que segmentan Kamurocho en zonas, para tratar de alcanzar las grandes ligas de esta competición. Sin embargo, más que carreras de pura habilidad, se traducen más en una lucha constante por adaptar las piezas de nuestro dron al tipo de circuito y rivales concreto, ya que el manejo del dispositivo es bastante básico (apenas moverse y un turbo), tal y como ocurría con los Slot Cars en anteriores Yakuza. Nos permite también subir nuestros tiempos online.

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También se han reciclado parte de las mecánicas de conversación con escorts de Yakuza previos en un sistema de “citas”. Yagami tendrá la oportunidad de conocer a cuatro chicas diferentes (algunas de ellas mucho más jóvenes que el protagonista) las cuales básicamente plantean un caso secundario en varias etapas donde iremos conociendo más sus historias y motivaciones. Podremos darles regalos para mejorar nuestra relación con ellas, así como tener conversaciones donde podemos agradarles más o menos. Cuando alcanzamos el nivel 5 de intimidad, la historia culmina con una declaración de amor que podemos aceptar o no, pero que nunca se traduce en nada más allá (no hay escenas románticas o besos siquiera). Si podremos llevar a las chicas como contrincantes a algunos minijuegos, como los ya citados dardos, el centro de bateo o el casino (que tiene Póker y Blackjack). Tal y como ocurre con las mecánicas detectivescas, las citas son un añadido interesante pero poco trabajado, ya que no hay penalización por estar con las cuatro al mismo tiempo y la relación se sube por pura inercia y sin traducirse en nada una vez culmina. Sin obviar que genera una importante incoherencia en el personaje de Yagami, quien ya tiene un interés amoroso muy concreto.

Otro aspecto bastante curioso que se añade es la presencia de “Quickstarter”, que funciona exactamente como la plataforma en la que se basa. Podremos aportar dinero a distintos proyectos, lo cual nos abrirá las puertas a nuevos objetos, piezas de drones, habilidades desbloqueables o zonas. Las cantidades que piden suelen ser elevadas, pero podremos invertir a nuestro ritmo en incluso crecen automáticamente las recaudaciones con el tiempo. Yagami contará también con la posibilidad de fotografiar códigos QR para desbloquear habilidades, así como contactar vía mensaje con sus aliados para quedar o para resolver casos secundarios. En algunos momentos de la historia incluso podremos investigar mensajes de “Chatter” (un Twitter) para localizar sospechosos, lo cual es una pena que no se haya explotado más o se permita al jugador como vía de localizar contenido.

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En líneas generales, invirtiendo tiempo entre la historia y los casos secundarios, podremos llegar al final de Judgment en unas 40 horas, una duración respetable y superior a algunos Yakuza como Kiwami. Por supuesto, esto no significará para nada el final, ya que subir la amistad con todos los aliados, completar todos los casos (uno de los cuales implica las cargantes invasiones de la banda Keihin que suponen combates cada diez pasos) o completar los minijuegos aumenta exponencialmente la duración. Igualmente, el trofeo de platino tiene algunos trofeos perdibles e implican incluso una segunda partida, por lo que el jugador completista tiene aquí más de un centenar de horas de contenido, uno que, además, ha sido localizado por primera vez desde PS2 de forma bastante buena al castellano (con ocasionales erratas aquí y allá, pero nada serio).

Visualmente, la aventura sigue apostando por el Dragon Engine que introdujo Yakuza 6, el cual es realmente vistoso y ha ido mejorando sus prestaciones técnicas con el tiempo, con escenas del propio motor del juego muy expresivas y escenas de acción muy vistosas. Eso no nos librará, por desgracia, de ocasionales caídas de framerate cuando se concentran muchos enemigos o físicas erráticas en algunos momentos tanto para personajes como para objetos. Kamurocho, eso sí, es mucho más vertical, pudiendo subir a tejados de edificios y entrar en bastantes con varias plantas, prácticamente sin tiempos de carga o pérdidas de rendimiento. A nivel sonoro, al habitual doblaje original japonés (excelso en su interpretación) se suma uno en inglés que, personalmente, apenas he visto más allá de comprobar su calidad para el análisis (lo jugué entero en japonés), aunque también se siente notable y reflejando la atmósfera dramática de la obra. La banda sonora, por otra parte, mantiene la línea habitual de la saga, aunque trata de ofrecer composiciones un poco más oscuras y calmadas, a juego con el argumento más dramático y pausado.

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Al final, Judgment es una aventura que se queda un poco a medias en algunas cosas. Aunque consigue transmitir a la perfección su intención de desarrollar una historia adulta donde absolutamente nadie sale de rositas moralmente hablando, y donde la crítica social incómoda y oscura es una constante, la narrativa se pierde en una lentitud exasperante al inicio que no se traduce en nada al final, únicamente en un final atropellado. Un conflicto principal predecible, unos giros argumentales demasiado forzados y un Yagami omnipotente a la hora de desatascar la trama a base de deus ex machinas no consiguen compensar del todo unos personajes muy bien construidos, donde tanto “héroes” como “villanos” son creíbles en sus motivaciones y métodos, llevando al jugador a la reflexión, aunque no tanto al asombro habitual en la saga. En cierto, modo, Judgment es más pausado, más centrado en “a ver como resuelve esto que ya conozco” que en “a ver qué hay que resolver”, pero se podría haber hecho mejor, quizá abrazando con mayor confianza su parte de detective en vez de ir a lo seguro, el festival de golpes y testosterona habitual en Yakuza.

No obstante, no se puede obviar que a nivel jugable sube el nivel del combate respecto a otros Yakuza, aunque se ve lastrado por unas mecánicas de investigación poco trabajadas, en ocasiones engorrosas y muy testimoniales dentro del juego. Sientan una buena base para un futuro Judgment 2 si alguna vez ocurre, pero en muchos momentos son más obstáculo y pausa entre combates que algo con valor por sí mismas. Todo lo demás es lo esperable, que no es precisamente poco cuando hablamos de una franquicia que suele dejar en vergüenza a la mayor parte de triples A del mercado, dando lecciones acerca de cómo es posible meter un ingente contenido jugable sin renunciar a la calidad. Bien es cierto que ésta se resiente un poco en Judgment respecto a lo habitual, pero Ryu Ga Gotoku Studio ha vuelto a desarrollar un proyecto que merece la pena disfrutar, y que, gracias a su traducción y doblaje, trata de llegar a más público que nunca, aunque probablemente no vaya a tener éxito. Y es que, por mucho que pretendamos que los videojuegos sean adultos, una vez llega uno que pretende serlo, demostramos como a nivel comercial o incluso de difusión, la industria sigue siendo un juego de niños.

Gracias por tu tiempo, y por leer el artículo.

Un saludo.

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